En solo unos pocos meses, la COVID-19 ha cambiado el mundo. Como consecuencia de la propagación del nuevo coronavirus, las personas comenzaron a resguardarse y poner en práctica el distanciamiento social, una gran cantidad de empresas cerró y la economía global se detuvo.

A esta altura, no sabemos durante cuánto tiempo la COVID-19 afectará el statu quo de cómo vivimos. Sin embargo, sabemos que podemos ver el impacto que está teniendo en muchas áreas: la economía, nuestras vidas personales... y el medio ambiente. La COVID-19 es una crisis sanitaria global, pero también es parte de la crisis ambiental continua que enfrenta nuestro planeta. Además, nos está demostrando la estrecha conexión que existe entre nuestra economía y nuestros estilos de vida, y la salud general del planeta.

Mientras atravesamos la pandemia y comenzamos a pensar en la recuperación, los líderes de negocios pueden estar seguros de que la expectativa sobre una estrategia ambiental sólida y bien elaborada será aún más fuerte que antes. Mi colega Suzanne DiBianca, directora de impacto de Salesforce, comentó recientemente: “Estamos enfrentando una gran cantidad de desafíos, pero más allá de todo lo que está sucediendo en el mundo, la crisis climática es una realidad y esta es la década en que tenemos que actuar al respecto. Como líderes, tenemos que pensar cómo seguir priorizando la sostenibilidad hoy y en el futuro. En Salesforce, la exigencia de liderazgo y acción en el área medioambiental de nuestras partes interesadas, comunidades y empleados es más clara que nunca con la crisis de la COVID-19”.

Obtenga más información acerca del trabajo de Tableau Foundation respecto de la acción climática.

Desde ya, los líderes tendrán que pensar de manera proactiva en relación con una diversidad de temas: normalizar el trabajo remoto, incentivar el transporte ecológico, invertir en prácticas sustentables de abastecimiento y cadena de suministro, y financiar estrategias de restauración ambiental. Aunque se pueda pensar que esto es una extensión de la situación en la que estamos hoy, no lo es. La salud del planeta está íntimamente relacionada con la salud y el bienestar de las personas y las empresas en todo el mundo. Los líderes que ahora se están preparando para tratar ambos enfoques con estrategias sólidas y decisiones contundentes allanarán el camino para que sus empresas y su personal tengan éxito en el futuro.

Veamos en detalle lo que hay que saber:

El liderazgo en medio ambiente es más importante que nunca

La sostenibilidad se ha vuelto más urgente durante los últimos años, lo que ha quedado en evidencia a través de las estrategias de empresas y líderes: según un estudio que realizó Deloitte en 2019, más del 63 % de las empresas encuestadas declaró que trabaja con metas formales de recursos y sostenibilidad, y más de dos tercios informaron que recibe exigencias de los clientes de que aumenten su compromiso con las prácticas ambientales recomendadas. También se ha observado una demanda cada vez mayor por parte de empleados, tal como lo demostraron distintas protestas en relación con el clima que se realizaron el año pasado en empresas como Amazon.

Con el surgimiento de la COVID-19, empresas y funcionarios por igual tendrán que dar un paso adelante y abordar una gran cantidad de desafíos: económicos, políticos e interpersonales, entre otros. Según escribió la directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, en un artículo de opinión para la ONU, el liderazgo en el área de sostenibilidad medioambiental tendrá una demanda cada vez mayor. La actividad humana ya alteró aproximadamente un 75 % de la superficie terrestre, declaró Andersen. Debido a eso, hemos aumentado enormemente nuestra exposición a enfermedades transmitidas por animales, como la COVID-19, sin mencionar los efectos devastadores del cambio climático.

Elaborar un plan de acción para corregir esto dependerá de nuestros líderes. “Es hora de recuperar los bosques, detener la deforestación, invertir en el control de áreas protegidas e impulsar los mercados de productos que no contribuyan a la deforestación. En los lugares donde existe una cadena de comercialización de fauna silvestre legal, es necesario mejorar enormemente las condiciones de higiene. Y, por supuesto, tenemos la necesidad urgente de erradicar la comercialización de fauna silvestre ilegal, el cuarto delito más común a nivel mundial”, manifestó Andersen.

Este vínculo entre la salud del planeta y la salud del ser humano tiene que guiar el modo en que los líderes de todo el mundo tomarán decisiones una vez que haya pasado la pandemia. Andersen agrega: “A medida que los motores de crecimiento comiencen a acelerarse de nuevo, veremos cómo el manejo prudente de la naturaleza puede formar parte de la ‘economía diferente’ que debe emerger. En esta nueva economía, las finanzas y las acciones deben promover el empleo ecológico, el crecimiento ecológico y un modo de vida distinto, ya que la salud de las personas y la salud del planeta son la misma y ambas pueden prosperar en igual medida”.

¿Qué nos dice la COVID-19 acerca de la necesidad de contar con políticas de sostenibilidad sólidas?

¿Qué medidas pueden tomar los líderes ahora para garantizar la salud del planeta y de las personas después de esta pandemia?

La COVID-19 ya revolucionó la manera en que funcionan muchas empresas en todo el mundo. En el lapso de unas pocas semanas, las fuerzas laborales pusieron en práctica la modalidad remota, las oficinas cerraron y el desplazamiento hacia el lugar de trabajo se interrumpió. Los líderes tuvieron que enfrentar el desafío de guiar a sus grupos a través de estos cambios y muchos están adoptando este nuevo modo de operar.

Estos cambios están demostrando que son eficaces a la hora de desacelerar la propagación del virus, pero también están generando otro efecto: darle un respiro al planeta. Cuando los números de casos se dispararon y los países implementaron el confinamiento o la cuarentena, los niveles de contaminación y las emisiones disminuyeron significativamente. Esto sucedió en China, donde se originó el brote, y ha sucedido en otros países y ciudades de todo el mundo.

Así se reflejó el cambio en China.

Los datos de satélites y otros dispositivos de detección remota muestran que en las áreas donde la COVID-19 se propagó, particularmente las ciudades, las emisiones de dióxido de carbono, la contaminación del aire, la congestión y las emisiones relacionadas con el transporte prácticamente desaparecieron. En aquellos lugares donde se les pide a las personas que se queden en sus casas y no salgan a menos que sea absolutamente necesario, los datos sobre la contaminación y las emisiones relacionadas con el transporte (que normalmente representan aproximadamente el 14 % de las emisiones de gases de efecto invernadero) están mostrando un descenso significativo.

Si bien es cierto que la COVID-19 puede causar el primer descenso importante en las emisiones, de aproximadamente el 5 %, en más de medio siglo, esta no es la manera en que queremos alcanzar ese objetivo, comenta Rob Jackson, profesor de la Universidad Stanford y presidente de Global Carbon Project, a Grist. “Que haya millones de personas sin trabajar o fuera de su lugar de trabajo no es el modo en que queremos reducir las emisiones”, agrega. Además, es muy poco probable que estas disminuciones perduren. Apenas se empiecen a levantar las sanciones en relación con el confinamiento, es probable que las emisiones vuelvan a aumentar, tal como lo muestran los datos sobre China.

Para consultar artículos periodísticos sobre la relación entre la COVID-19, el clima y los datos, visite Grist.org.

Ninguno de nosotros quiere estar en la situación de tener que elegir entre seguir con el desarrollo habitual de la actividad y salvar el planeta. Hemos recibido una clara prueba de concepto de que es posible reducir las emisiones. Los líderes de negocios están pensando en el papel que van a desempeñar a la hora de evitar el efecto “rebote” de la contaminación cuando esta vuelva a aumentar después de la pandemia.

Para ellos, esta situación plantea algunos interrogantes y permite observar desde una perspectiva distinta las medidas que muchos de ellos se esforzaron por implementar tan rápidamente unas semanas atrás. Ahora que hemos visto el efecto que produce habilitar a los empleados a trabajar desde sus casas y reducir el desplazamiento hacia el lugar de trabajo y las emisiones gracias a que las oficinas no operan al 100 % de su capacidad, ¿qué políticas pueden implementarse para proteger el planeta después de que pase la pandemia?

Los líderes de negocios deberían comenzar a pensar ahora qué plan de acción climática podrían elaborar para sus empresas en función de lo aprendido a partir de la COVID-19. ¿Puede establecer una política clara de teletrabajo, cuando sea posible, en toda la empresa? ¿Qué puede hacer como líder para promover opciones de transporte ecológico, como el ciclismo y el transporte público, para mantener bajas las emisiones del desplazamiento hacia el trabajo? ¿Puede hacer una auditoría de sus instalaciones para garantizar que operen con los estándares de eficiencia más altos?

A las autoridades y los funcionarios, el Banco Mundial advierte que, después de la pandemia, una de las prioridades clave será estabilizar el mundo y su economía a largo plazo. Eso significa volver a definir subsidios para dejar de depender de los combustibles fósiles y optar por la energía renovable, y hacer inversiones significativas en infraestructura de transporte sostenible y proyectos de recuperación ambiental.

En los distintos sectores, se deben contemplar grandes cambios. Sin embargo, el coronavirus ya ha revolucionado el desarrollo normal de las actividades. Los líderes tienen que pensar en el futuro y en cómo prepararnos a todos para el éxito en nuestra nueva realidad.

Cómo cumplir nuestro papel para invertir en la salud del planeta

Ahora, es fundamental que los líderes tomen medidas para implementar políticas ambientales sólidas dentro de las organizaciones. Además, hoy más que nunca, los líderes se están comprometiendo con la salud y el bienestar del planeta más allá de sus cuatro paredes.

En los últimos años, el respaldo de medidas de sostenibilidad ambiental por parte de empresas e inversores ha aumentado y sigue aumentando. Con la presentación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en 2015, muchas empresas usaron los 17 objetivos como un modo de evaluar y mejorar sus operaciones como empresas y contribuyentes en favor del bienestar general del planeta. En 2018, un informe de PwC demostró que el 50 % de las empresas había seleccionado varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como prioritarios, y que el 27 % había incorporado los objetivos en sus estrategias de negocios. Más del 90 % de las 250 empresas más grandes de Estados Unidos genera un informe de sostenibilidad corporativa. Hoy, es más importante que nunca que las empresas puedan mostrar su compromiso con objetivos que van más allá del alcance de sus propios negocios, pero que son esenciales para la salud del planeta a largo plazo.

Esto era cierto antes de la COVID-19 y será aún más urgente después de que pase la pandemia. Los datos demuestran que un factor que impulsó la aparición del nuevo coronavirus fue la deforestación. A medida que la industria y la actividad del ser humano se amplían y comienzan a invadir los ecosistemas naturales, las probabilidades de contaminación cruzada de virus entre especies de animales y seres humanos se disparan. Si no hacemos nada para disminuir radicalmente la devastación de los recursos naturales y regenerar los que ya hemos perdido, nos estamos condenando a volver a vivir la situación en la que estamos ahora.

Para los líderes de negocios, el vínculo entre la COVID-19 y la degradación ambiental debe ser una llamada a la acción para respaldar medidas de sostenibilidad. Tanto empleados como inversores exigen cada vez más que los líderes de negocios demuestren un compromiso con la sostenibilidad. En 2019, HBR reveló que la sostenibilidad era una prioridad para los inversores líderes prácticamente a nivel mundial. Además, las empresas tienen más oportunidades que nunca de comprometer sus recursos para ayudar al planeta. Por ejemplo, el CEO de Salesforce, Marc Benioff, impulsó el esfuerzo de plantar 1 billón de árboles en todo el planeta para mitigar las pérdidas medioambientales, y DiBianca afirma que la empresa se comprometió a plantar 50 000 árboles en honor al Día mundial de la Tierra este año. Para los líderes, adoptar prácticas de rehabilitación como estas y esforzarse por limitar más y más el daño de las cadenas de suministro son maneras de demostrar su compromiso de asegurar la salud a largo plazo de su personal y del planeta.

La COVID-19 nos ha demostrado cuánto afectan el planeta nuestras acciones diarias como individuos, empresas y comunidades. También ha evidenciado que, a menos que actuemos ahora, corremos el riesgo de exponernos a nuevas amenazas en el futuro. Los líderes de negocios ahora tienen la oportunidad de integrar estas lecciones y trabajar conjuntamente para implementar estrategias, dentro de sus propias operaciones y en consonancia con gobiernos, organizaciones sin fines de lucro y otras empresas. De esta manera, será posible garantizar que salgamos de esta crisis con un plan de sostenibilidad.

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