Independientemente de si somos conscientes de ello o no, reorganizamos y procesamos patrones de manera constante en nuestra vida diaria. Recuerde alguna vez que haya ido a cenar a un restaurante que no conocía. A pesar de que es su primera vez allí, tiene ciertas expectativas acerca del orden de los eventos. Por lo general es el siguiente:

  • Entra al local y lo recibe alguien que lo conduce a su mesa.
  • El camarero se presenta y anota su pedido de bebidas.
  • Al regresar con las bebidas, el camarero toma su pedido para cenar.
  • Durante la cena, es posible que el camarero se acerque de vez en cuando para asegurarse de que esté todo bien y reponer sus bebidas.
  • Después de la cena, el camarero hará un chiste malo acerca de “reservar un poco de espacio para el postre”.
  • Usted rechazará la sugerencia, el camarero sacará la cuenta del bolsillo y se la entregará o irá hasta la caja para que se la den.
  • Paga la cuenta y sale.

Este es uno de los tantos ejemplos de esquema psicológico (que no debe confundirse con un esquema de base de datos) en su vida diaria. En la sociedad, estos patrones sirven para alinear diversos públicos y nos ayudan a procesar varias situaciones de manera muy eficaz. Son tan potentes y están tan arraigados que una alteración del patrón puede dar lugar a confusión, cuya resolución supone todo un desafío. Un ejemplo extremo sería ir al restaurante de la situación anterior y pedirle al camarero que le traiga la cuenta antes de haberse sentado.

El patrón del restaurante sigue un orden intuitivo, por lo que es muy poco probable que varíe demasiado. Sin embargo, uno también genera esquemas personales sobre la base de sus experiencias vitales y sus visiones del mundo. Estas expectativas le evitan perder tiempo inútilmente, porque ya experimentó antes la misma situación (o una similar) y sabe cómo proceder.

Los esquemas desempeñan un papel importante en la visualización de datos. Tienen la capacidad de favorecer o desfavorecer dos de sus mayores beneficios: la reducción del tiempo para obtener información y la mejora en la precisión de esta. Aproveche los esquemas de su público para mejorar la experiencia. De lo contrario, correrá el riesgo de llevarlo por el camino equivocado.

En esta publicación, se comparten tres modos de aprovechar los esquemas a fin de mejorar su visualización de datos.

Esquema 1: contexto espacial

Los mapas nos ayudan a procesar datos, porque, además de los puntos de datos, proporcionan un contexto espacial que contribuye a nuestro análisis. Observe el gráfico de barras a continuación, que muestra el mejor costo por zona de las entradas para el Super Bowl 50:

Esta es una buena visualización de datos. Sigue las prácticas recomendadas y definitivamente se puede obtener información del gráfico. Sin embargo, si agregamos el contexto espacial, el análisis se hace inmediatamente comprensible, incluso si no está familiarizado con el estadio donde se jugará el partido:

Puedo utilizar el esquema que generé mentalmente según mi experiencia de comprar entradas a muchos eventos deportivos en mi vida. Sé que el precio de las entradas aumenta cuanto más bajo y más cerca nos encontramos del centro del campo. El tiempo que dedico para obtener información es menor, porque me resulta más rápido determinar si comprendo los números del gráfico de barras intuitivamente o si se produce una alteración de mi esquema (es decir, si las entradas para las zonas inferiores son más baratas que las de las zonas superiores). En este último caso, también obtengo información.

Dependiendo de la historia que quiera contar, puede ser conveniente utilizar un mapa así, además del gráfico de barras (o, incluso, en lugar de este). Para la visualización “The Cost of Attending Super Bowl 50” (El costo de asistir al Super Bowl 50) anterior, opté por mostrar el mapa del estadio y un gráfico de líneas.

Esquema 2: iconos, formas y símbolos

Una imagen vale más que mil palabras. El segundo esquema que puede mejorar su visualización de datos es aquel en el que se emplean iconos, formas o símbolos. Hay una delgada línea que separa los gráficos que mejoran una visualización de datos y los que crean interferencias. Sin embargo, cuando están hechos con gusto, los gráficos tienen la capacidad de proporcionar mucha más información que las palabras.

En el nivel más básico, se puede pensar en el gran valor que aportan los símbolos “+” o “-” cuando preceden a un número en un dashboard. El uso de un solo carácter para indicar si hay un cambio positivo o negativo en un KPI reduce el tiempo necesario para obtener información e incrementa la precisión de esta. Las flechas o los triángulos que apuntan hacia arriba o hacia abajo funcionan de la misma manera.

Son ejemplos básicos, pero muchos gráficos funcionan de esta manera, porque tenemos nociones preconcebidas de lo que significan. Observe la navegación que utilicé en mi visualización “What are the Odds of Going Pro in Sports?” (¿Cuáles son las probabilidades de profesionalización en los deportes?).

En lugar de palabras, utilicé iconos para mostrar las diferentes opciones deportivas. En mi opinión, hace que la vista sea más atractiva. Además, los iconos también cuentan con la ventaja de reducir y, en ocasiones, eliminar las barreras idiomáticas.

En otro ejemplo, utilicé un mapa de polígonos de un jugador de fútbol americano para ilustrar las partes del cuerpo que causan la mayor cantidad de colisiones en la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL):

Generar un gráfico de barras por fuente de colisión podría haber sido un buen método. Sin embargo, al superponer el mapa de calor por encima de la forma del jugador, el público puede sacar provecho de sus propios esquemas para procesar la vista y descubrir información.

Esquema 3: Color

Nos guste o no, estoy seguro de que todos asociamos el color verde con lo bueno y el color rojo con lo malo. No sé exactamente dónde nació ese preconcepto, pero parece que perdurará. Es un esquema. No es necesario enseñarle al público el significado del rojo y del verde. Lo saben (o creen que lo saben, por lo que hay que tener cuidado).

No recomiendo esta combinación de colores por razones tanto científicas (daltonismo) como personales (me parece horrible). Sin embargo, este es un ejemplo de esquema que puede aprovechar para ayudar al público a comprender sus visualizaciones de datos.

Conocer las asociaciones existentes de su público le permite ayudarlos a disminuir el tiempo que necesitan para obtener información y mejorar la precisión de esta. Funciona en ambos sentidos, por lo que tenga cuidado de no alterar por completo sus esquemas. Si genera una visualización acerca de frutas, no use el violeta para colorear las naranjas ni el naranja para colorear las uvas.

Si utiliza colores ajenos a las paletas comunes de verde/rojo o azul/naranja, asegúrese de que la visualización sea homogénea, de manera que su público capte bien su empleo de colores.

Aprovechar estos tres esquemas de una manera elaborada puede servirle para maximizar los dos beneficios más importantes de la visualización de datos: disminuir el tiempo para obtener información y mejorar la precisión de esta. Como mínimo, sepa que el público tiene sus propios preconceptos. Si los altera, puede hacer que tenga dificultades para descubrir el gran valor informativo de su visualización de datos.

¿Qué otros esquemas psicológicos tiene en cuenta al generar visualizaciones de datos? Comparta sus comentarios con nosotros. Para obtener más consejos, trucos y visualizaciones de Ryan Sleeper, consulte su blog y su página de perfil en Tableau Public. También puede ponerse en contacto con él mediante Twitter: @ryanvizzes.

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